FARÁNDULA

Dumbo de Tim Burton: la actualización (¿o el olvido?) de un discurso

Vimos el live action del elefante volador y sólo te diremos algo: si esperabas cantar las temas que conoces, revivir ciertas escenas y salir con los ojos rojos de tanto llorar, te quedarás con las ganas.

En 1941, Walt Disney Pictures presentó su cuarto largometraje animado sobre un elefante volador, basado en el libro para niños de Helen Aberson e ilustrado por Harold Pearl. Casi 80 años más tarde se estrena Dumbo de Tim Burton, la esperada nueva versión que forma parte de esta oleada de adaptaciones al live action de la casa productora. El escenario lucía perfecto para que este proyecto resultara exitoso: una historia oscura con pasajes alucinantes (como la de los elefantes rosa, creación de Dalí) en manos del realizador de filmes como Batman (1989), El joven manos de tijera (1990) y Batman regresa (1992), era la fórmula ideal para recibir lo que muchos estábamos esperando. Sin embargo, el resultado dista mucho de nuestras (altas) expectativas.

 

Dumbo (1941).

 

Si lo que buscabas en el live action era soltar unas (varias) cuantas lágrimas y cantar algunos temas que se instalaron en nuestra mente desde que vimos por vez primera la versión de los años 40, lamentamos decirte que no será así. Aunque el argumento se conserva (muy “por encimita”), se toman ciertas licencias que hacen que la película, durante su segunda mitad, tenga una trama completamente diferente a lo que recordamos. Sí, es cierto que no es sano hacer comparaciones, sin embargo, ante la presentación del live actionde un filme que marcó a toda una generación (y que sigue teniendo eco en estos tiempos), era casi imposible no remontarnos a lo que ya conocíamos. Es más, eso lo seguiremos haciendo con todos aquellos títulos que Disney se proponga revivir.

 

La historia comienza como ya todos sabemos: una elefanta que forma parte del circo de los hermanos Medici –con Mr. Max (Danny DeVito) a la cabeza– tiene una pequeña cría cuya característica principal es el tamaño de sus orejas. Luego de un incidente con uno de los miembros del show, la señora Jumbo es vendida a otro circo y el pequeñín se embarca en una travesía con el objetivo de volver a reunirse con su mamá. Hasta aquí, todo es relativamente igual. Sin embargo, para la segunda parte del metraje las cosas cambian: el magnate V.A. Vandevere (Michael Keaton), tras enterarse de que hay un elefante volador (sí, a la mitad de la película Dumbo ya vuela), decide asociarse con Max Medici para montar un show mucho más grande y ambicioso, un parque de diversiones de nombre Dreamland (un centro recreativo que verdaderamente existió y que fue fundado en Coney Island en 1904), en el que Dumbo será la principal estrella del show. En este punto, parece que estamos viendo una continuación o precuela de The Greatest Showman.

Dumbo (2019).

[SPOILER ALERT: ON]

Una de las grandezas de la versión de 1941 era el discurso que establecía (en plenos años previos a la Segunda Guerra Mundial): no importa que no seas como todos, usa tus diferencias para alcanzar tus sueños y ve contra la corriente. Con una fuerte carga de crítica social, Disney establecía la importancia de abrazar tus “defectos”. Y aunque en la adaptación de Tim Burton sí está presente esta premisa, se opta por sustentar otra igual de importante: ¡No a los circos con animales! Lo anterior hace que la historia sobre el elefante diferente que se convierte en estrella quede prácticamente en segundo plano.

Es más, en esta adaptación Dumbo parece quedar relegado para darle más peso a la historia de los humanos: una familia conformada por un padre que queda viudo (Colin Farrell) y dos pequeños que se convierten en los principales amigos del elefante. Y es aquí donde encontramos otro punto débil: los animales no son los protagonistas del largometraje, no son ellos el reflejo de una sociedad desgastada, sino el vehículo para contar una nueva versión. ¿El ratón Timothy? Aquí no existe. ¿Las otras elefantas que rechazan a uno de su misma especie por ser diferente (ojo con lo poderoso del mensaje de la cinta animada)? No las hay. ¿Los cuervos que le regalan al protagonista la pluma mágica? Aquí son reemplazados por los hombres.

Otra ausencia notable son dos escenas que con el paso del tiempo se convirtieron en parte importante no sólo dentro de la filmografía de Disney, sino también del imaginario colectivo. El arrullo de mamá Jumbo acompañado de la canción “Baby mine” con el que muchos hemos soltado varias lágrimas (y una de las más tristes den toda la historia de los filmes animados) aquí prácticamente pasa desapercibido; mientras que la secuencia de los elefantes rosa (que tanta polémica desató en su momento por ser el resultado de una noche de copas en una cinta infantil y que aseguran era la favorita de Salvador Dalí) aquí se resuelve de forma efectiva de manera visual, pero en un contexto completamente distinto.

Tim Burton, director de Dumbo.

[SPOILER ALERT: OFF]

Algo que desató varias conversaciones en torno a esta nueva adaptación de la historia de Helen Aberson fue el cast. Michael Keaton, Danny DeVito, Eva Green y Colin Farrell son nombres que pesan dentro de la industria, sin embargo, con un guion flojo era muy poco probable que encontraran en este live action un vehículo para su lucimiento. DeVito cumple y nos saca varias sonrisas (aunque las escenas se las roba un chango rebelde), Keaton se instala en su faceta de villano lleno de clichés y Farrell nos presenta un trabajo que durante toda la película nos recuerda a lo que el irlandés hizo en Saving Mr. Banks (2013) –incluso podríamos decir que parece una calca de Travers Goff, el papá de la escritora de Mary Poppins en la versión cinematográfica–. Quien encanta en cada secuencia en la que aparece es Mademoiselle Green como una acróbata que deja atrás el “lado oscuro” y se convierte en aliada de los “chicos buenos”.

Esperábamos que Tim Burton sumara al discurso de la inclusión, del ser diferente como una fortaleza y no como un defecto, y que añadiera a lo que ya conocíamos un plus sombrío que hemos visto en varios de sus trabajos. Al final (quizás por intervención del propio estudio) esta premisa queda desdibujada y se opta por argumentar la importancia de que en los circos ya no existan más animales (igual de válida y de importante). Hay crítica social, pero no con contundencia; hay oscuridad (dentro de Dreamland, el parque de diversiones, existe una atracción llamada La Isla del Terror y eso es lo más sombrío en el largometraje), pero no la que esperábamos; hay nostalgia, pero la mínima; y hay magia, pero no la suficiente para hipnotizarnos. Es más, ni dejando de lado las comparaciones y pensando que no existe un antecedente la cinta logra funcionar. Lo sentimos mucho, Tim, pero de nueva cuenta nos quedaste a deber.

LO MEJOR: el diseño de producción y la animación de Dumbo, que logra enternecer a cualquiera.

 

LO PEOR: la historia que todos conocemos se resuelve a la mitad de la cinta y la segunda parte resulta tediosa, desconcertante, llena de clichés y predecible. Se extrañan también las dos secuencias más icónicas del filme animado de 1941.

Danny DeVito.
Con información de GQ