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Los absurdos de los políticos
Cipriano Flores

Los absurdos de los políticos – Cipriano Miraflores

Los absurdos de los políticos

Para ser un buen político, por ende, un buen gobernante, no debe observarse los absurdos siguientes y sus consecuencias por el bien de la República.

Estos absurdos, desgraciadamente, son muy comunes en la clase política.

1.- No se quiera  pretender el bien sin los estudios necesarios, sin los cálculos, sin las proyecciones de factibilidad,  por la sola voluntad, por el solo deseo, hacer esto de esta manera no se puede esperar más que la decepción. Decepcionar  a los ciudadanos se paga en las urnas.

2.- Pretender alcanzar la ciencia sin los estudios necesarios, el plan de desarrollo científico de un país es de lo más serio que puede existir, no se puede gobernar un Estado sin un mapa seguro hacia el puerto que se pretende ir, lógico, la consecuencia es la incertidumbre. Una Nación que está en incertidumbre es un estado muy lamentable.

3.-  Querer ser sincero sin los estudios convenientes, sin saber del ánimo de la población, sin el conocimiento de los valores prevalecientes, sin medir las respuestas de la población,  la consecuencia es el engaño, la mentira, la simulación.

4.-  Pretender obrar rectamente sin haber recibido la formación adecuada, sin haber abrevado del conocimiento y de las experiencias de los grandes gobernantes, sin haber adquirido los mejores principios y valores de la política, la consecuencia es la temeridad, es conducir el Estado con las luces apagadas, a tientas.

5.- Querer compaginar el valor con la incultura, la consecuencia es la insubordinación. La falta de cultura política de las poblaciones o no saber de esta cultura política  y tomar decisiones de gobierno en estas condiciones, seguro  que el pueblo no aceptará  las disposiciones de gobierno.

6.- Pretender alcanzar la perseverancia sin los estudios adecuados, la consecuencia es la obcecación y la testarudez. Las acciones de gobierno son procesos, no son actos, cuando esto se confunde las consecuencias son graves.

Gobernar con estos absurdos es el camino más seguro para el fracaso. Se dice con exactitud que la política debe cambiar su nombre por prudencia, porque esta requiere de pausa, de conocimiento, de precaución, de actuación en el momento adecuado, bajo condiciones óptimas, requiere de formación en la experiencia y en los conocimientos, de actuación sabiendo de los resultados. Inauguremos la nueva disciplina: la Prudencia en tiempos de tanta imprudencia. 

 

 

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